Miguel Servet. El misterioso hereje

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Miguel_Servet_93802.jpg_1306973099Considerar a Miguel Server reformado o protestante es algo arriesgado, pero debido a muchas de sus ideas, el español estaba más cerca de los planteamientos protestantes que de los católicos. Lo que podemos decir sin duda, es que Server, tal vez por su martirio, se convirtió en el más reconocido y admirado de nuestros heterodoxos. Seguramente esta admiración proviene de una confusión que intentaremos corregir más adelante.

La familia Servet se trasladó en el 1511 en Villanueva de Sijena, un pequeño pueblo aragonés donde su padre había sido destinado tras ser nombrado notario real. Allí nació Miguel y disfrutó de la holgada situación familiar. Sus padres desearon desde el principio, que su hijo se convirtiera en sacerdote, lo que no sabían era que terminaría interesándose por la religión, pero en otros aspectos. No sabemos a ciencia cierta sobre la educación que recibió de Miguel, aunque sus biógrafos nos hablan de una facilidad precoz para el estudio, dominando varios idiomas en su adolescencia (latín, griego y hebreo y era muy versado en matemáticas y filosofía escolástica) A los catorce años entró al servicio de Juan Quintana, un erudito monje franciscano. A la edad de diecisiete años fue enviado a Toulouse para estudiar derecho En la universidad leyó la Biblia, algo totalmente prohibido en España. Allí descubrió por primera vez, que el concepto de Trinidad no se exponía implícitamente en el texto.

Después de dos cursos, el joven Miguel, decide acudir a la llamada de su antiguo preceptor Quintana, que se había convertido en confesor de Carlos V. Fue testigo de la coronación del emperador en Bolonia. Escandalizado del boato de la curia romana, dejo la ciudad para ir a Basilea con la intención de unirse a los reformados. Permaneció unos meses en la casa del pastor Ecolampadio. Después de graves desencuentros, Miguel marchó hacia a Estrasburgo, donde conoció a los reformadores Bucer y Capito. En 1531 publicó De Trinitatis Erroribus Sobre los errores de la Trinidad . Servet creía que los protestantes tras leer su libro, abandonarían rápidamente la doctrina de la Trinidad.

La mayoría de los reformados se opusieron a las ideas de Servet. Melanchton dijo acerca del libro: “En cuanto a la Trinidad, ya sabes que siempre he temido que algún día el tema estallara. ¡Buen Dios, cuántas tragedias esta cuestión acarreará a las generaciones futuras!”

Después del revuelo formado, Miguel Servet intentó escribir un libro más conciliador con su Dialogorum de Trinitate o Diálogos sobre la Trinidad, publicado al año siguiente. Pero lo cambios que realizó eran tan pequeños y su afirmaciones tan tajantes que la agria polémica se agravó. Sus libros fueron confiscados y se le advirtió que no visitara varias ciudades protestantes. En el bando católico también fueron condenadas sus obras y en 1532 la Inquisición le conminó a regresar a España para ser juzgado. Su hermano Juan, que era sacerdote, intentó convencerle para que volviera a casa. Servet, atemorizado por todo lo sucedido intentó esconderse y pasar desapercibido. Años más tarde, recordaba así aquellos años: Se me perseguía por todas partes para ser arrastrado hasta la muerte.

Bajo el nombre falso de Michel de Villeneuve se instaló en Paris, donde estudió Matemáticas y Medicina en la universidad. Pero el la vieja Sorbona, la agitación religiosa era aún peor que en Suiza. Nicolás Cop, rector de la universidad, fue obligado a abandonar la ciudad tras el discurso de apertura del nuevo curso. En Paris Servet y Calvino se conocieron, aunque al poco tiempo el segundo tuvo que huir de la ciudad. Al año siguiente Calvino, arriegando la vida, decidió regresar a París para disputar con Miguel Servet, pero el español no se presentó a la cita, seguramente por miedo a ser descubierto. Miguel Servet abandonó Paris, ganándose la vida como corrector de pruebas. Tras este breve paréntesis Servet retomó sus estudios de medicina. En 1538 ya tenía el título de doctor, colaborando con varios médicos famosos. Pero sus ideas innovadoras en medicina, sobre todo en lo relacionado con la circulación pulmonar, le trajeron muchos problemas. No se sabe con certeza si fue Miguel Servet o un contemporáneo suyo quien primero hizo este descubrimiento, a pesar de todo, Servet fue el primero en publicarlo.

En 1538 Servet fue condenado por la universidad, el Parlamento y la Inquisición, por mezclar la medicina y la astrología. De nuevo huyó, para instalarse primero en Lyon, y después en Viena, convirtiéndose en médico personal del arzobispo Pierre Palmier. Durante doce años de vida tranquila en Viena, nada hacía presagiar el trágico final de Servet.

Continuando con su labor literaria, en 1542, publicó una nueva edición de la obra de Ptolomeo suavizando algunos de sus ideas, pero su proyecto más ambicioso era la edición de la Biblia de Pagnino, completada en siete volúmenes en 1545. Con esta edición, realizó la primera crítica moderna al texto bíblico. A pesar de todo, Servet seguía intersado en la teología, por lo que publicó su tratado teológico, Christianismi Restitutio o La Restauración del Cristianismo. No pudo evitar reanudar su agria polémica con un viejo conocido, Juan calvino, con el que reanudó una agitada relación epistolar desde 1546. Calvino ya había escrito su Institutio Christianae Religioniso o Institución de la Religión Cristiana y era el líder espiritual de Ginebra. Hasta ese momento, la teología de Calvino apenas había tocado el tema de la Trinidad, pero tras una acusación por Pierre Carola de unitarista, de la que Calvino fue absuelto por un sínodo en Lausana, Calvino se empeñó en combatir cualquier signo de unitarismo

Servet envió a Calvino un manuscrito de su todavía inédita Restitutio. Calvino le correspondió enviándole un ejemplar de su Institutio, pero Miguel Servet se lo devolvió repleto de anotaciones, que ridiculizaban su texto. Calvino, cansado de esta estéril disputa, decidió interrumpir la correspondencia.

De manera provocativa Miguel Servet envío un ejemplar de su Restitutio a Calvino. En el texto se incluían treinta cartas de Servet enviadas a Calvino. Calvino, enfadado, reveló la verdadera identidad de “Villeneuve” a la Inquisición de Viena. Tras su arresto e interrogatorio, Servet escapó de la cárcel. Pero tenía pocos sitios donde refugiarse. Perseguido en España, Italia, Francia, amenazado en Suiza y otras ciudades de Alemania. Al final optó por el norte de Italia, donde creía que sus textos eran bien acogidos, pero inexplicablemente se dirigió después hacia Ginebra. Una vez en la ciudad se presentó en la iglesia donde solía predicar Calvino, alguien le reconoció y fue arrestado y juzgado por herejía ante las autoridades de la ciudad.

La acusación presentada por Nicolás de la Fontaine en contra de Miguel Servet, en el Ayuntamiento de Ginebra, acusaba a Miguel Servet de no aceptar la Trinidad y de no aprobar el bautizo celebrado durante la niñez. Una vez condenado, Calvino pidió que Miguel Servet fuera decapitado, para que no sufriera tanto, pero el Ayuntamiento insistió en que fuera quemado en la hoguera.

Miguel de Servet mantuvo la compostura hasta el último momento. Muriendo entre las llamas, se dice que gritó: ¡Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí! Farel, que había presenciado la ejecución, comentó que Miguel Servet, desafiante hasta el final, podría haberse salvado si en su lugar hubiese gritado: Jesús, el Hijo Eterno. Unos meses más tarde, Miguel Servet fue ejecutado en efigie por la Inquisición de Francia.

La muerte de Miguel Servet abrió entre los reformados. un debate acerca de la tolerancia. Algunos estuvieron a favor la condena como el caso del magistrado italiano Gribaldo, pero otros como David Joris escribía desde Basiliea a los distintos gobiernos de las ciudades protestantes de Suiza para pedir clemencia. Pero la mayor parte de los líderes reformados apoyaron la ejecución de Miguel Servet, como Melanchthon que refiriéndose a ella comento que era un ejemplo piadoso que merecía ser recordado para toda la posteridad. Calvino nunca mostró el menor arrepentimiento por ella. Utilizada por los católicos durante años para criticar a los reformados.

Una obra anónima sobre el castigo de los herejes, pedía la tolerancia. Gracias a obras como esta se abrió en debate sobre la cuestión del castigo o la tolerancia de las herejías, consiguiendo un mayor grado de tolerancia. A pesar de que, durante un tiempo, los herejes fueron ocasionalmente castigados con la muerte en algunos países protestantes, desde ese momento, la oposición a la pena máxima se había extendido de forma general. La muerte de Miguel Servet contribuyó a una mayor apertura hacia la libertad religiosa.

Pero, como decíamos al principio, ¿se puede considerar a Miguel Servet protestante o católico? Sería fácil mantener a Servet en el limbo religioso, o como se ha tendido en las últimas décadas, incluirlo en la lista de agnósticos y ateos que, supuestamente lograron el progreso de la razón y de la ciencia. Tal vez, diciendo lo que no era Servet, podamos deducir lo que era realmente. En primer lugar no era ateo ni agnóstico. Esta afirmación rotunda está firmente apoyada por su confesión final, mientras era quemado en la hoguera: Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí! Pero nuestro argumento viene apoyado, por otros comentarios de Servet. En una carta escrita en la cárcel, en la que se defiende de las acusaciones de Calvino Servet nos dice Juan Calvino falsamente me acusa de haber dicho lo que sigue: 1. Que las almas son mortales. 2. Que Cristo únicamente adquirió de la Virgen María una cuarta parte de su cuerpo. Se trata de cosas horribles. Entre todas las herejías y todo los delitos, no existe ninguno tan grande como pretender que el alma es mortal. En todo lo demás, puede haber esperanza de salvación, mientras que no la hay con tal herejía. Quien lo pretenda no cree en la existencia de Dios, ni en la justicia, ni en la resurrección, ni en Jesucristo, ni en las Sagradas Escrituras ni nada más. Sólo cree que todo muere y que el hombre y la bestia son una misma cosa. Si yo hubiera dicho o escrito tal cosa, yo mismo me condenaría a muerte”.

Con esta declaración Servet confirma lo que enunciábamos, ya que condena el ateismo quien lo pretenda no cree en la existencia de Dios…Si yo hubiera dicho …tal cosa…me condenaría a muerte. Si nos fijamos, al citar los principios básicos del cristianismo cita: la justicia, ni en la resurrección, ni en Jesucristo, ni en las Sagradas Escrituras. No habla de advocación a santos, sacramentos o cualquier otro tipo de creencias. Todas estas, ideas y doctrinas reformadas. Edito la Biblia, de cuyo estudio se había ocupado toda la vida, la base de su fe también era Bíblica. Por otro lado, Servet tenía un concepto distinto de la iglesia, el no quería reformarla, quería restituirla a su estado primito. La restitución, expresada en su libro Christianismi Restitutio, publicado en Viena en 1553. Esta obra estaba dirigida a los teólogos, nos confirma muchas de sus creencias. En ella ataca al papado y transmite una fe puramente cristocéntrica al afirmar: Ahora Cristo no está muerto, como para tener necesidad de un sucesor; ni ausente como para requerir un vicario o un regente. Cristo vive, Cristo nos basta, Cristo nos está presente y está a nuestra disposición realmente como pontífice .

Por si nos quedara alguna duda del protestantismo de Servet, el mismo nos narra su conversión al decir que la causa que me fue encomendada por un cierto impulso divino para que la defendiese yo, que estaba celoso de tu verdad. Comencé esta tarea en otro tiempo, y ahora de nuevo me siento movido a proseguirla.

Nieto nos anuncia por último, que había en la tenaz lucha de Servet contra Calvino cuando nos dice que las cartas a Calvino y el enviarle el manuscrito de Restitutio, y al final su propio enfrentamiento con él, era su deseo de realizar la suprema misión de convertirlo. Servet creía en el fondo que el único capaz de entender sus proposiciones teológicas, que sólo era tiempo que las aceptara, en ese sentido era más calvinista que el propio Calvino, esperando que terminará por creer lo que el defendía.

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