De Pactos y pactitos

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2015-12-21-tiempo-pactos

Vivimos en el país de la anarquía. Bakunin encontraría el paraíso en nuestro querida “piel de toro”, que ya no puede ser llamada así, para no ofender a los animalistas. Dos partidos han llegado a un acuerdo y eso es suficiente para que la mayoría se mofe y burle de ellos. En España ha habido muy pocos pactos a lo largo de la historia. Los más conocidos son los Pactos de la Moncloa, donde antiguos miembros del régimen de Franco y los nuevos partidos democráticos lograron llegar a un acuerdo y firmar una constitución en la que todo el mundo entrase, aunque fuera de perfil.
No somos ni hemos sido un pueblo de pactos, preferimos imponer sectariamente al otro nuestras opiniones. Consideramos que pactar es una muestra de debilidad, por eso es normal que critiquemos a los que lo hacen. Aunque algunos no entienden ni la filosofía ni la esencia de los pactos. Pactar no es decir al otro lo que tiene que poner en un documento, tampoco que firme un cheque en blanco o niegue su propia esencia, pactar es el arte de ceder para llegar a un punto de encuentro.
Nos guste o no nos guste, sin pacto España será ingobernable los próximos cuatros años. Es hora que maduremos como país, ya se nos pasó la adolescencia democrática. VIVA EL PACTO.

España está de fiesta

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Es muy español el tomarse las cosas a la ligera, tal vez el que seamos el estado más viejo de Europa y uno de los más antiguos del mundo tenga la culpa de esta tendencia a banalizar las cosas. El hastío de la monotonía nos impulsa a cargarnos el país, tal vez para construir uno nuevo. El Régimen del 78 está en crisis está en crisis, es natural que intentemos mejorarlo o cambiarlo por completo, lo malo es cuando lo hacemos a golpe de improvisación y gritando a los cuatro vientos que deseamos un país imposible. No podemos dejar esta vez a nadie en la cuneta. El nuevo país tiene que servirnos a todos y eso significa, que todos estemos un poco apretados e incomodos, pero permanezcamos unidos. Catalanes, castellanos, asturianos y canarios construyendo algo nuevo, pero para ello hay que cambiar algunas costumbres patrias y otras importadas de este siglo XXI, cambalache y febril. Lo primero sería dar valor al país que tenemos, ya les gustaría a muchos de un lado y el otro del mundo vivir en una tierra tan generosa, con un pueblo alegre y crítico. Tenemos algunas instituciones muy sólidas, hemos modernizado a España y podemos afrontar esta nueva etapa con optimismo.
No estoy seguro que Sánchez pueda y le dejen construir ese país, pero tampoco que lo haga Rivera, Rajoy o Iglesias. Lo tendremos que hacer todos, aprendiendo a convivir, a ser mejores personas y mejores ciudadanos.
Durante siglos fuimos el estado más fuerte del mundo, ahora nos toca ser el más unido, el más noble y el mas solidario. No olvidemos que los verdaderos cambios son siempre el resultado de una transformación nacional, no se pueden hacer únicamente haciendo mejores leyes o escribiendo mejores constituciones.
De lo único que estoy seguro es que España persistirá, lleva más de quinientos años haciéndolo, en más difíciles nos las hemos visto y hemos salido victoriosos.