Libertad, libertad, libertad

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Hace unas semanas se entregaba un premio a la “poetisa” Dolors Miquel. La única virtud del “poema” era repetir el Padre Nuestro, pero con expresiones poco afortunadas y en algunos casos ofensivas. Creo profundamente en la libertad de expresión. Nadie puede ser juzgado por sus opiniones o creencias, pero en este caso se han traspasado algunos límites.
En primer lugar puedo entender que parte de la sociedad española se viera afectada por la imposición del catolicismo en la etapa de la Dictadura, pero han pasado ya más de 40 años de la muerte del dictador y hay libertad religiosa desde entonces. Muchas mujeres ultra feministas están empeñadas en destruir el supuesto sistema patriarcal impuesto por el Cristianismo, tienen todo el derecho a intentarlo, pero sin ofender a millones de personas.
En segundo lugar, lo que es del todo inadmisible, es que este tipo de actuaciones se apoyen por una administración local, autonómica o nacional. El dinero de todos está para fomentar y apoyar todo lo que contribuya al bien común y las instituciones no pueden fomentar el odio, el ataque a creencias religiosas o el racismo.
Ahora se habla de potenciar las procesiones del “Coño” y de un gran pene por las calles de Sevilla y otras ciudades en Semana Santa. No me importan que hagan sus procesiones, pero en otras fechas, para no ofender a los cristianos. Convivir es simplemente dejar vivir al otro, respetarle y en muchos casos comprenderle.

De Pactos y pactitos

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Vivimos en el país de la anarquía. Bakunin encontraría el paraíso en nuestro querida “piel de toro”, que ya no puede ser llamada así, para no ofender a los animalistas. Dos partidos han llegado a un acuerdo y eso es suficiente para que la mayoría se mofe y burle de ellos. En España ha habido muy pocos pactos a lo largo de la historia. Los más conocidos son los Pactos de la Moncloa, donde antiguos miembros del régimen de Franco y los nuevos partidos democráticos lograron llegar a un acuerdo y firmar una constitución en la que todo el mundo entrase, aunque fuera de perfil.
No somos ni hemos sido un pueblo de pactos, preferimos imponer sectariamente al otro nuestras opiniones. Consideramos que pactar es una muestra de debilidad, por eso es normal que critiquemos a los que lo hacen. Aunque algunos no entienden ni la filosofía ni la esencia de los pactos. Pactar no es decir al otro lo que tiene que poner en un documento, tampoco que firme un cheque en blanco o niegue su propia esencia, pactar es el arte de ceder para llegar a un punto de encuentro.
Nos guste o no nos guste, sin pacto España será ingobernable los próximos cuatros años. Es hora que maduremos como país, ya se nos pasó la adolescencia democrática. VIVA EL PACTO.