Protestantismo en Irlanda

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imagesEnrique VII, el primer rey de la dinastía Tudor, puso los medios necesarios para restablecer el poder Real en la isla. Su primera medida consistió en enviar a un hombre de su confianza llamado Poynings, que estableció la “Ley Poynings” (1), que estuvo vigente hasta 1782. El sucesor de Poynings, llamado FitzGerald, continuó su política de semi libertad del país. Pero la llegada al poder del rey Enrique VIII iba a cambiar mucho las cosas. Su canciller, el Cardenal Wolsey, pensaba que los territorios irlandeses estaban infrautilizados, debido a que la falta de un sistema hacendista fuerte y la malversación de fondos impedían que las rentas irlandesas llegaran a las arcas del rey.

 

La rebelión en 1534 de Thomas FitzGerald el Sedoso, destacó más que por su viabilidad política, por la vinculación que tuvo con el papado y el catolicismo romano, ya que el líder rebelde pidió ayuda al Sumo Pontífice aduciendo que su enfrentamiento contra el cismático Enrique VIII, era de carácter religioso. Estas dos vertientes, la relación iglesia católica y nacionalismo y el intento de involucrar a potencias extranjeras en el conflicto, serán recurrentes en la política nacionalista irlandesa hasta el siglo XX, produciéndose el hecho de que los enemigos de Inglaterra eran automáticamente amigos de Irlanda.

 

Durante todo el siglo XVI los ingleses temieron una sublevación, ya que los estados católicos enemigos, intentaron animar el independentismo irlandés en aras de la diferencia religiosa. Uno de los casos más significativos es el de 1579, cuando el Papa Gregorio XIII y el monarca español Felipe II, lanzaron un ataque conjunto, calificado de cruzada contra la opresión del pueblo católico irlandés por los herejes. Las tropas católicas desembarcaron en Dingle, condado de Kerry, pero la ofensiva fracasó al igual que varios intentos posteriores.

 

La iglesia católica de Irlanda necesitaba una reforma a fondo, si bien las órdenes religiosas se habían mantenido fieles a sus principios cristianos, la jerarquía episcopal apenas se ocupaba de los asuntos religiosos, dedicando su tiempo a la política y la acumulación de riquezas. Para paliar esta desidia y acrecentar su poder personal Enrique VIII nombró a George Browne como arzobispo de Dublín. La primera actuación del representante real fue la disolución de las órdenes religiosas y la expropiación de sus tierras. Este acto recibió el respaldo de la jerarquía católica, que veía en la medida una manera rentable de acrecentar su riqueza y hacerse con el monopolio religioso de la isla. Durante el reinado de Enrique VIII y el de su hija Isabel I se expropiaron cuatrocientos monasterios y abadías.

 

En 1541 las cortes irlandesas declararon a Enrique VIII como su rey. En apenas unos pocos años los irlandeses habían aceptado el mayor cambio político y religioso de su época sin ninguna oposición, de hecho, a diferencia de lo sucedido en Inglaterra unos años antes, no hubo levantamientos populares ni opositores importantes a la reforma de la Iglesia en Irlanda. Todos estos cambios no implicaron el dominio real del Rey sobre todo el territorio, por lo que sus sucesores Eduardo VI (1537-1553) y María (1516-1558), se encargarían de ampliarlo.

 

Otro de los métodos utilizados para la implantación de la autoridad de la Corona fue la colonización. En 1521, el Conde de Surrey había propuesto esta medida, que perseguía la sustitución de los irlandeses por ingleses leales. Pero esta política no se aplicó hasta el reinado de Eduardo VI, en junio de 1550(2). El primer intento fu un fracaso, dado que el despliegue de tropas necesario para su cumplimiento era inviable en aquel momento.

 

A finales del siglo XVI el protestantismo irlandés se encontraba debilitado por su pequeño arraigo social, aunque el gobierno de Londres intentara aplicar ciertas medidas oficiales como la prohibición de la misa o la imposición del Libro de Oración común de Crammer.

 

En 1553, bajo el reinado de la reina María se reanudaron nuevas colonizaciones. La Catolicísima Monarca era indiferente a la filiación religiosa de sus súbditos irlandeses, viendo en la colonización tan sólo un medio para el fortalecimiento del poder Real. En época de la reina Isabel, la monarquía cambiará de estrategia usando métodos menos drásticos, como ciertas medidas culturales, entre las que destaca la creación en 1592 la primera universidad en Irlanda, en la ciudad de Dublín.

 

El territorio irlandés sufrió durante todo el siglo, un gran número de pequeñas guerras, en las que destacó la represión brutal de la monarquía Tudor.

 

La rebelión más destacada de este periodo fue la de O´Neill, un noble criado en la corte inglesa, que a partir de 1588 intentó de forma armada la independencia de Irlanda, buscando el apoyo papal y la ayuda del mayor enemigo de Inglaterra en aquel entonces, España. De este último obtuvo el envío de un contingente de 3.500 soldados, que desembarcó Kinsale, condado de Cork, en 1601, para fracasar poco después en su intento.

 

Bajo el reinado de Jacobo I, al que se creía criptocatólico, la tolerancia religiosa de los últimos años terminó bruscamente, ya que el Rey con el fin de demostrar su fe anglicana realizó una política muy dura en materia religiosa. La huída de varios nobles irlandeses, tras la derrota militar de O´Neill propició a su vez la reforma administrativa del norte del territorio y la creación del condado de Londonderry. Jacobo I siguió la política de colonización de sus predecesores, llevando a la isla un gran número de colonos escoceses, en su mayor parte presbiterianos.

 

En 1613 las leyes irlandesas fueron sustituidas por las inglesas. Bajo el reinado de Carlos I (1625) se favoreció a los irlandeses autóctonos, mientras que se obligaba a los de origen escocés, en su mayoría presbiterianos, a jurar lealtad al Rey, debido a la guerra abierta de este contra Escocia. También hubo un intento de restituir las tierras enajenadas cien años antes a las órdenes religiosas. Estas y otras reformas no gustaron ni a la nueva oligarquía protestante, que se unió a los puritanos ingleses contra el Rey, ni a los terratenientes católicos. Durante el periodo del “Parlamento Largo” (3), la oligarquía condenó y ejecutó al odiado representante del gobierno, Wentwoth. Tras la muerte del Rey, la alianza de grandes capas de la sociedad irlandesa contra el tiránico gobierno de Londres, se disolvió dejando paso a viejas rencillas y desconfianzas. Las revueltas no se hicieron esperar, ya que muchos campesinos irlandeses desposeídos en las diferentes colonizaciones reclamaban sus tierras.

 

Los más afectados por este nuevo brote de nacionalismo irlandés fueron los presbiterianos escoceses y los puritanos. Los nacionalistas no querían independizarse de la corona, sino más bien revindicaban algunos derechos fundamentales, entre ellos los de carácter religioso, ya que desde el reinado de Jacobo I se había prohibido el culto católico y la presencia de sacerdotes en Irlanda. Los rebeldes convocaron al parlamento en 1642 y juraron defender la fe católica y los derechos de la Corona. Todo el territorio cayó bajo su dominio a excepción de Dublín, partes del Ulster y algunas ciudades. En los primeros meses de la rebelión fueron asesinados o muertos por inanición doce mil colonos protestantes de origen ingleses y escoceses. La respuesta del Parlamento Inglés será la llamada “Gran Amonestación” (4) un escrito donde se acusa a los pro católicos, entre ellos al Rey de ser los causantes de estos desastres.

 

La guerra civil en todos los reinos no se hace esperar. Los bandos enfrentados eran por un lado los nobles anglicanos unidos a los católicos, y por el otro todos los disidentes religiosos y los presbiterianos. En la primera fase de la guerra los dos bandos estuvieron igualados, pero la muerte de Pyn, el líder de los disidentes, propició el diálogo (1643), pero la ascensión de un nuevo líder puritano llamado Cromwell, impidió llegar a un acuerdo. Al final el Rey fue derrotado, sentenciado y ejecutado el 28 de enero de 1649.

 

La expulsión ese mismo año de miles de ingleses de Irlanda, motivó la invasión de las tropas de Cromwell, que el 15 de agosto desembarcaron en la isla. Cromwell que se creía enviado por Dios para vengar las matanzas de protestantes del año 1641, actuó de una manera contundente, como en el exterminio de todos los defensores de la ciudad de Drogheda. Tras varios años de enfrentamiento en 1651 vuelve a Inglaterra, después de haber pacificado la isla y entregado a los colonos ingleses buena parte de las mejores tierras. Unos 44.000 irlandeses fueron desplazados al oeste, y apenas treinta años más tarde, en 1685, los irlandeses católicos sólo poseían el 22 % de las tierras.

 

 

1) Ley Poynings: La ley prohibía la reunión del parlamento irlandés sin el consentimiento del rey y condicionaba las decisiones tomadas a la aprobación regia y del consejo inglés.

2) El consejo real inglés decidió que “Leix y Offaly, anteriormente territorio de los O´Connor y los O´Moore, debían ser arrendados a los súbditos reales por una renta adecuada, con la intención tanto de que sean habitados como de que supongan mayor poder para su Majestad el Rey”.

3) El Parlamento Largo fue la respuesta a la actuación del rey Carlos I en materia religiosa, convocado en Noviembre de 1640, condenó a varios ministro reales y se hizo con el control real del territorio.

4) Un fragmento de la requisitoria redactada por Pym. “Hemos hallado que la raíz de todos los males residía en un proyecto pernicioso y malintencionado de invertir las leyes fundamentales y los principios de gobierno, sobre los que están sólidamente establecidas la seguridad y la justicia del reino. Los promotores y ejecutores de estos proyectos han sido: 1. Los papistas, discípulos de los jesuitas y que odian las leyes, como obstáculos para el cambio y la caída de la religión, objeto de sus deseos más ardientes. 2. Los obispos y la parte más corrompida del clero, que alimentan la inclinación a las pompas exteriores y a la superstición, como efectos naturales y apoyos más probables de la tiranía y la usurpación eclesiástica. 3. Los consejeros y cortesanos que, desde posiciones particulares, intentaron que en este país prevalecieran los intereses de algunos príncipes o estados extranjeros, en perjuicio de Su Majestad y del Estado

Los padres peregrinos. El misterioso viaje

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PeregrinosEn la mañana del 5 de agosto de 1620, el calor comenzaba a templar el frío ambiente del puerto de Southampton, cuando dos barcos de aspecto corriente alinearon sus proas hacia el oeste y comenzaron a cruzar la bahía. En su interior 102 pasajeros intentaban hacerse con un lugar cómodo para pasar una larga travesía, pero al poco tiempo tuvieron que atracar en el cercano puerto de Dartmouth por avería en uno de los barcos. Éste no fue el único incidente, una segunda avería dejaría en tierra el Speedwell y los pasajeros tendrían que apretujarse en el Mayflower. Aquellos intrépidos y sufridos emigrantes estaban convirtiendo un viaje corriente en la epopeya americana.

NO FUERON LOS PRIMEROS INGLESES EN AMÉRICA

 

El norte de América había sido explorado en los últimos cien años por numerosos aventureros y descubridores. El primero de ellos fue John Cabot, un navegante italiano que convenció a Enrique VII de Inglaterra para que sufragara una expedición en busca de un paso norte hacia Oriente. Tras él fueron muchos otros. Españoles, franceses y holandeses descubrieron extensas zonas de la costa Este de Norteamérica. Pero el primer grupo inglés en establecerse en el territorio y que fundó la primera colonia fue el liderado por Walter Raleigh, que se estableció en la primavera de 1584 en la actual Carolina del Norte. El asentamiento no prosperó y poco después los colonos regresaron a Inglaterra.

Los viajeros del Mayflower emprendían un viaje conocido y explorado, nada hacía presagiar que su periplo sería recordado durante generaciones como una gesta del espíritu norteamericano.

LOS PURITANOS BUSCAN UN HOGAR

 

El establecimiento de colonias en Norteamérica fue una empresa meramente privada. El estado inglés se limitó a conceder unas licencias de establecimiento y explotación, dejando que las nuevas colonias crecieran por sí mismas.

Cuando los viajeros del Mayflower decidieron poner rumbo a Nueva Inglaterra, ya había dos colonias establecidas y organizadas en el territorio. Por un lado estaba Virginia, organizada y administrada por la Compañía de Londres y la Compañía de Plymouth, que lograron afianzar un grupo de colonos y fundar Jamestown. Por el otro, se encontraba la colonia de Maryland, fundada por Lord Baltimore, compuesta al principio por católicos que huían de las persecuciones en Inglaterra.

Mientras Virginia y Maryland luchaban por sobrevivir en medio de un ambiente hostil, los tripulantes del Mayflower planeaban buscar una nueva tierra de provisión en donde disfrutar de libertad de culto.

Una parte significativa de los tripulantes del Mayflower eran de religión puritana o no conformista. De los 102 pasajeros, treinta y cinco separatistas de Leiden. Otros sesenta y seis viajeros naturales de Londres y zonas limítrofes, en su mayoría no eran puritanos. La Iglesia de Nueva Inglaterra, un hibrido entre las tradiciones católicas y algunas doctrinas protestantes, no satisfacía a muchos súbditos ingleses. Su intención era purificar la iglesia, de hay que se les empezara a denominar puritanos. La persecución de la monarquía inglesa hacia estos grupos fue constante desde el reinado de Isabel I, pero en tiempos de Jacobo I la persecución aumentó hasta el punto que muchos pensaron en abandonar la Isla.

Un pequeño grupo de puritanos que vivía en Scrooby en Nottinghamshire, tuvieron que abandonar su ciudad por la presión de los funcionarios y clérigos locales, dirigiéndose a los Países bajos. En 1608 un gran número de puritanos se instaló en la tolerante Holanda. Pero algunos no lograban integrarse en la sociedad holandesa y decidieron emprender la aventura americana.

CRUZANDO EL ATLÁNTICO

 

Los puritanos se pusieron en contacto con la Compañía de Plymouth. Si la Compañía buscaba gente sacrificada, abnegada y dispuesta a trabajar, ellos eran los hombres adecuados. El primer escollo que tenían que atravesar era la autorización real, pero el rey Jacobo no les puso ningún impedimento para ir a las Colonias. El segundo escollo era la financiación, los emigrantes tenían que costear los costes del viaje y el avituallamiento necesario para sobrevivir en el viaje y en sus primeros meses en América.

Cuando el 20 de septiembre de 1620 el barco pudo reanudar su viaje desde el puerto de Plymouth, los viajeros estaban deseosos salir de Inglaterra. La travesía era incomoda y peligrosa. En un barco no muy grande de unos 33 metros de largo y una capacidad de 180 toneladas, se hacinaban más de 100 pasajeros. El Mayflower poseía dos brújulas, pero era relativamente perderse en medio del Océano Atlántico. A pesar de que los primeros días de navegación fueron tranquilos, enseguida comenzó el mal tiempo y el barco fue azotado por varias tormentas. Los viajeros tuvieron que pasar la mayor parte del viaje en las bodegas, con las escotillas cerradas, empapados y mareados. El hedor de las bodegas debía de ser insoportable. Para personas poco acostumbradas al mar, encerrados, teniendo que comer, dormir y rezar sin ver la luz exterior, la travesía fue dura y difícil.

UN DURO INVIERNO EN UNA TIERRA EXTRAÑA

 

El viaje duró 55 largos días hasta que avistaron el Cabo de Cod en Massachusetts. Su destino era el norte de Virginia, pero algunos de los líderes puritanos cambiaron el rumbo para dirigirse a nuevas zonas no colonizadas, ya que no querían integrarse en las colonias de mayoría anglicana y sufrir los mimos problemas que en Inglaterra.

Los puritanos habían elegido aquel enclave alejado de las posesiones inglesas tras leer el informe del explorador holandés Adriaen Block, pero los marineros les habían llevado a una región alejada, mucho más al norte de la que buscaban. Además el viaje había salido con retraso y la época del año no les permitía cultivar sus semillas para soportar el invierno. Localizaron un enclave que unos años antes John Smith había bautizado con el nombre de Plymouth y allí se instalaron.

Al encontrarse alejados de Virginia estaban fuera de su jurisdicción tuvieron que autogobernarse. Los puritanos y el resto de los viajeros decidieron llegar a un acuerdo en el que todos pudieran sentirse representados. El “pacto del Mayflower”, firmado el 21 de noviembre, constituyó el primer intento de los colonos de darse un gobierno propio.

Tras pisar tierra los colonos eligieron a su primer gobernador, John Carver. El frío invierno de la región terminó con la vida de la mitad de los colonos antes de la llegada de la primavera. Tras el fallecimiento del propio Carver, los colonos eligieron como gobernador a William Brandford.

El encuentro con los indios fue de lo más singular. Cuando los asustados colonos vieron acercarse a algunos indios hasta su poblado, lo último que esperaban es que uno de ellos llamado Scuanto les diera la Bienvenida en inglés. Los indios de la zona, diezmados por una epidemia de peste unos años antes, no se mostraron hostiles con los colonos. Había campos de sobra para cultivar las cosechas. Scuanto enseñó a los colonos a cultivar la tierra a la forma india. Otro de los indios llamado Smoset, ayudó a los recién llegados a establecer relaciones amistosas con el jefe de las tribus locales.

La primera cosecha de los colonos fue tan abundante que proclamaron una celebración de tres días para dar gracias a Dios, celebrado en la actualidad en todos los Estados Unidos como el Día de Acción de Gracias. Unos noventa indios se unieron a la fiesta, convirtiendo aquella celebración en un símbolo de tolerancia, gratitud y fe en la providencia divina.

Plymouth sobrevivió muchos más inviernos, convirtiéndose en un verdadero símbolo para el resto de las colonias y un referente para incipiente nación norteamericana que se fundaría sobre los principios de autogobierno, igualdad, respeto religioso, derechos individuales y una fe inquebrantable en el futuro. Aquel puñado de hombres y mujeres perseguidos e insignificantes pusieron las bases de la primera democracia moderna.